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Cuando las cosas se acabaron.

Y el corazón crujió, por ultima vez, como la bisagra de una puerta antigua que acaba por romperse. Se desquebrajó dejando un cuerpo inerte a su paso. La sangre por sus venas iba perdiendo velocidad, frenando poco a poco, encharcando las cámaras ya rotas del corazón. Había perdido la capacidad de visión, y el olfato se había desvanecido como se desvaneció el último latido. El suspiro último que había exhalado, también se perdió. Se mezclo con el aire de fuera, creando en ella un vacío.  Consumió su vida de golpe con aquella imagen en la que estabas en frente, besando a otra mujer. Sintió todo lo que lo que nunca había llegado a sentir en aquel instante, el último. Su sonrisa se torció y eso fue lo que más dolor me dio a mí. Recuerdo como andaba moviendo las caderas, cortando el aire a su paso, con su cintura. Como dejaba volar su cabello con el viento, que siempre le soplaba de cara. Y sonreía, y los hombres se paraban a mirarla, se giraban cuando ya había pasado. Era parecida a At...

Lo adictivo que resultas.

Me habían advertido de lo adictivo que resultas, de cómo tus pupilas son capaces de llevarme al fin del mundo si se choca mi mirada con la tuya. Me habían avisado de cómo si tu mano roza la mía, esta se entrega a ti. Me habían jurado que vas petrificando gente a tu paso. Que cuando andas por la calle, las chicas se paran a mirarte, y te siguen con la mirada hasta que desapareces. Que se giran a verte hasta los gatos y no te das ni cuenta. Me contaron que si sonríes las rosas se llenan de complejos, que un abrazo tuyo es el que marca el fin del invierno y que en el infierno, todos te conocen. Que cuando pestañeas, el mundo se para hasta que vuelves abrir los ojos. Que el cielo está en ellos, en chispitas de alegría, en azules anillos de vivacidad, y cuando miras hacia arriba, deja de llover, que salpicas color, que devuelves al techo de este mundo el color azul que le pertenece, y a ellas, las estrellas, las tienes todas locas, y dicen que ellas te piden los deseos a ti, por lo fugaz qu...

Madrid, nuestro Madrid.

Caminábamos de la mano por un Madrid ocupado pero alegre que nos veía sonreír impasibles, por el que callejeábamos hasta encontrarnos perdidos, hasta perdernos y encontrarnos. Un Madrid jovial, en el que íbamos al cine a ver películas de las que no nos enterábamos, utilizando absurdamente como pretexto cada estreno para pasar más tiempo juntos, gastando el dinero como el tiempo entre las butacas de una sala oscura con una pantalla gigante en la que si no proyectaban fotos tuyas, yo era incapaz de prestar la más mínima atención, pendiente siempre de tu mano que llegaba descaradamente a mí y al salir, nos cenábamos, me acompañabas a casa, y en el portal suplicaba fuerzas para poder dejarte ahí, a la deriva, despegado mi cuerpo del tuyo. Y si por la calle, nos encontrábamos, le sonreía al caprichoso destino y fingíamos ser dos completos desconocidos con ganas de conocerse aunque ya supiésemos armar de memoria el puzzle de tu piel cosida a la mía, aunque fuese capaz de dibujar sobre un fo...

Tus viejas cintas de cassette y las lágrimas de San Lorenz

Una mirada en alguna parte que dice mucho, que dice demasiado. Una sonrisa que abre el baile. Una canción que suena, que hace retumbar, que se cuela en todos los tímpanos. Un pestañeo que esconde pasos. Un cuerpo frente a otro. Una pista de baile. Me acuerdo todavía como fue aquella noche, aquel baile que abrimos bajo la luna, y que al llegar el amanecer tuvimos que parar. Me acuerdo como no sabíamos bailar y sin embargo nuestros pies embrujados por la magia de las estrellas marcaban el ritmo, los pasos, los compases y tú y yo bailábamos sin saber que lo hacíamos , mirándonos a los ojos. Recuerdo perfectamente como olía a tierra mojada a lo lejos y me envolvía el olor de tu aftersafe. Recuerdo también que yo estaba nerviosa, poco más que tú, que habías cogido el traje de chaqué a tu padre, y yo llevaba un vestido que una amiga me dejó, y unos tacones que había cogido del armario de mi madre. Me acuerdo también que había luna llena o eso dijiste. Que el oscuro cielo de una noche de vera...

Fumarte.

H uele a tierra mojada, a vodka, a tabaco, y a ti. Mis pulmones siguen encharcados en el humo. Mi cerebro flota en alcohol. Mis manos tiemblan. Mi corazón se queja, pero sigue latiendo. La noche ha caído sobre la ciudad pero estoy demasiado “distraída” como para percatarme de ello. Me tumbo en la cama y me enciendo un cigarro más, el último. No me conviene seguir fumando tanto, tampoco me convienes tú… Los humanos somos seres hipócritas. Creamos miles de medicamentos para salvarnos, para huir de la muerte, pero nos enganchamos a ella. Quizás no tan hipócritas, quizás kamikazes o simples suicidas. Disfruto cada calada. Y me siento cigarro, enganchada a alguien que le enciende, que le consume la vida a bocanadas, que arroja las colillas ya gastadas y enciende otro pitillo con la misma mirada de deseo, y se lo fuma inspirándole la vida, quizás por eso fumo con cuidado. “Que no me convienes, que voy a dejar de fumar, y voy a dejar de ser cigarrillo también”, digo, como si de verdad me...

Porque se fue.

Estaba sentada en la silla, con una postura un tanto incómoda, sin atender a la clase y preguntando en todo momento la hora, hasta que llegó. Sonó el timbre en el pasillo y me apresuré a recoger lo poco que me quedaba en la mesa, mientras buscaba con la mirada la puerta. Bajamos deprisa hasta el patio, y más rápido aún, salí hacia la calle mientras me recolocaba el uniforme. El primer paso que di una vez fuera, fue delicado pero decidido. Bajé la calle corriendo, sin despedirme de nadie, esquivando los coches de los padres de mis compañeros que muy a su pesar habían venido a buscarlos. Me agarraba la falda como podía, porque mientras corría se me abría. Había adelgazado y se me caía. Llegué a la rotonda, y con cierto cuidado, crucé por ella, cambiándome de acera. Sólo una me llevaba a la estación, y no me importaba en absoluto lo que las chismosas de las madres pudiesen decir al verme correr entre sus coches así, cruzando de mala manera; Ni me importaba lo que mis compañeras ...

En esto del amor

Un tsunami o maremoto, según la DRAE, es una agitación violenta de las aguas del mar a consecuencia de una sacudida del fondo, que a veces se propaga hasta las costas dando lugar a inundaciones, pero un tsunami es mucho más que eso. Un tsunami no es una ola gigante; un tsunami es lo arranca de cuajo miles de vidas y desestructura otras miles. Lo que hace que se pierdan hogares, se pierdan familias y se pierdan esperanzas. Un tsunami es la furia de la naturaleza, es la clara prueba de superioridad de esta. Un tsunami, se lleva la vida y trae muerte, desgracias. Un tsunami lo destroza todo, pero es inevitable, y antes de que la ola llegue, antes de que se pierda todo, ves como el agua, antes de la ola, se retira varios kilómetros de la playa, y ahora yo soy como esa playa que esta sin agua, y tú eres como un tsunami que está volviendo otra vez a mi vida, y a mí no me queda otra que esperar, esperar a que vengas de nuevo y lo arrases todo, como hiciste hace tiempo. Porque ...